Pies cavos: todo lo que debes saber

El pie cavo es un problema bastante frecuente en la población general aunque suele presentarse en su forma más leve. Habitualmente puede originar ligeras molestias pero no alterar la marcha de forma significativa. Si bien no tiene curación ,es posible tomar algunas medidas para aliviar sus síntomas .Los pies cavos son bastantes frecuentes entre la población general, aunque en sus formas más leves.

No obstante, estos casos de pie ligeramente cavo no tienen por qué recibir un tratamiento específico, siempre que no ocasionen molestias ni dificulten la marcha. La edad de presentación está entre los ocho y doce años, aunque en ocasiones un paciente puede presentar el primer dedo en el nacimiento. ¿Quieres saber más sobre esta afección? ¡Sigue leyendo!

Pies cavos: todo lo que debes saber

Este  trastorno se empieza a manifestar en forma de dolor en la zona del arco y el talón así como en la zona del antepie y por debajo de los dedos. “Se asocia a una tensión y acortamiento de la musculatura plantar del pie y posterior de la pierna”, puntualiza el experto.

Los pies muy arqueados tienden a presentar el dolor, debido a que se ejerce más tensión sobre la sección del pie que queda entre el tobillo y los dedos de los pies. Esto se traduce en el acortamiento de la longitud del pie, la dificultad para calzar zapatos adecuados y la sensación de dolor al caminar, permanecer de pie y correr.

El pie cavo provoca tensión muscular excesiva y rigidez de las articulaciones del pie. Cuando se producen a edades tempranas, presenta muy pocas molestias y no suele alterar la marcha de forma significativa salvo los que tienen una causa neurológica. Sin embargo, con el paso de los años se van haciendo cada vez más rígidos y comienza a manifestarse la sintomatología característica de la edad adulta.

  • Metatarsalgia: Dolor en las almohadillas de la planta de los dedos al apoyar.
  • Talalgia: Dolor en el talón al apoyar.
  • Hiperqueratosis plantares: Durezas dolorosas en las zonas de mayor apoyo.
  • Dedos en garra (flexionados hacia dentro).
  • Aparición de tendinitis.
  • Dificultad para calzarse.
  • Lumbalgias frecuentes.
  • Dificultad o cansancio extremo para permanecer de pie sin moverse.

Desde Clínica JLM siempre recomendamos visitar al podólogo de forma asidua. De esta forma se pueden pautar una serie de tratamientos que te pueden ayudar a mejorar esta afección.

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