Practicar senderismo, o simplemente disfrutar de pequeñas rutas de montaña, es una actividad muy frecuente entre la población.

Sin duda, el calzado en esta actividad es esencial, ya que los pies son los que nos llevan y acompañan en estos senderos. Por ello, es fundamental hacernos una pregunta ¿mejor botas o zapatillas? ¡Te lo contamos!

Senderismo: ¿mejor botas o zapatillas?

Con la cantidad de ofertas que existen en el mercado, la elección del calzado adecuado se vuelve cada vez más difícil. Cuando hablamos de montaña nos encontramos con el dilema, ¿zapatillas o botas? 

Es importante también matizar que cuando hablamos de “zapatillas de montaña”, nos estamos refiriendo a zapatillas específicamente diseñadas para su uso en montaña, que poco tienen que ver con una zapatilla convencional de las usadas para otros deportes como el running. Y que dentro de esta categorización, como suele pasar con cualquier otro producto, nos vamos a encontrar desde gama muy básica a gama alta, recomendando siempre usar una gama media o alta de producto para garantizar su calidad.

ZAPATILLAS DE MONTAÑA

Cada vez es más habitual ver a senderistas de baja y media montaña usando zapatillas de montaña en lugar de botas. Estas zapatillas, diseñadas exclusivamente para la montaña, están provistas de suelas resistentes, con diseños “agresivos” que permiten una mayor fijación al terrenocontrafuertes armadospuntas reforzadas, etc. Tienen muchos elementos en común con una bota de baja o media montaña, pero manteniendo la sujeción por debajo del tobillo.

Si nuestros pies, tobillos o rodillas no tienen ninguna lesión, el hecho de que se permita una mayor movilidad (entendiendo que no vamos a usarlas en terrenos extremos), suele ser siempre positivo. Hay que entender que el pie es una estructura formada por 28 huesos, 33 articulaciones y más de 100 tendones. Esto nos debe hacer pensar que, sin ninguna duda, es una pieza pensada para el movimiento. Una parte importante de la amortiguación de nuestro cuerpo, fundamentalmente de nuestra rodilla, se basa precisamente en el movimiento de pronación del pie.

BOTAS DE MONTAÑA

A diferencia del uso de zapatillas (comentado en el punto anterior), es importante reflejar que para aquellos pacientes que, por ejemplo, hayan sufrido varios episodios de esguinces en los tobillos, el uso de las zapatillas protegerá menos que el uso de una bota.

A nivel muscular también es importante entender que una limitación en la flexión dorsal del tobillo, efecto que se ve favorecido con el uso de una bota, va a generar una marcha más plantígrada y el consiguiente aumento de tensión muscular en la fascia plantar (ligamento situado en la planta de nuestros pies) y en el resto de polea muscular posterior de la pierna (tendón de Aquiles, gemelos, sóleo, isquiotibiales, etc.), siendo más habitual tener una sensación de “piernas cansadas” después de su uso.

Un factor que hemos de tener en cuenta en ambos casos, botas y zapatillas, es el “drop”. El drop es la diferencia de la altura de la suela entre el talón y el antepie. Podríamos decir que se trata de “cuánto tacón” lleva la zapatilla o la bota. Es importante usar el drop al que estemos acostumbrados.

ENTONCES… ¿CUÁL ES LA MEJOR ELECCIÓN?

Como consejo final, lo mejor es intentar alternar ambos calzados de forma que para aquellos usuarios sin lesiones de inestabilidad previas (como los esguinces), las zapatillas de montaña serían una buena elección, salvo para aquellas rutas en las que nos vayamos a encontrar con terreno más inestables. En caso de tener factores internos que predispongan a esa inestabilidad (como el hecho de tener un pie cavo o un pie valgo), una solución muy interesante puede ser el hecho de sustituir la plantilla de la zapatilla por una plantilla personalizada realizada por un podólogo experto en podología deportiva. Esta opción nos puede aportar un plus de estabilidad importante.

Para aquellos montañeros que están habituados a usar siempre botas, una buena medida para ayudar a dar mayor movilidad a sus pies y disminuir carga muscular, sería alternar el uso de la bota por la zapatilla de montaña en aquellas rutas en las que estamos seguros de que no vamos a encontrarnos superficies  muy irregulares o condiciones climatológicas de frío excesivo o nieve. Si siempre hemos usado botas, es normal que la percepción sea la de ir más protegido por las mismas.

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