Nuestra huella es un factor fundamental para saber la forma del pie. Cuando la figura del pie es correcta, se forma algo parecido a una semiesfera entre los dos pies; lo que será una forma muy eficiente de repartir la carga de nuestro cuerpo en nuestros pies.

Pero, ¿qué es la huella plantar? Se trata de un método de valoración para tipificar el tipo de pies; obteniendo como mayor riesgo lesional los pies más planos, ligados a un mayor número de patologías asociadas. Son muchos los factores que pueden llevarnos a una mala posición del pie, como puede ser el factor hereditario, tipo de calzado que usamos, los hábitos de caminar que tenemos… 

Existen muchos métodos con el fin de obtener la huella plantar y su análisis biomecánico. Estos métodos son imprescindibles para la valoración biomecánica de cualquier paciente que sufra molestias al caminar o hacer deporte. Podemos encontrar métodos como:

El fotopodograma: El objetivo de este método es recoger la porción del pie que se apoya, a través de una buena impresión de la huella plantar. Obtiene registros válidos, duraderos y de alta calidad.

El pedigrafo: Se trata de un método muy parecido al anterior, basándose en pisar un dispositivo de goma con tinta. Debajo del dispositivo hay un papel que tras la pisada se impregna de la tinta y señala la huella plantar.

Por otro lado, además de clasificar la manera de pisar en correcta o incorrecta, podemos encontrar distintos tipos de pisada. Vamos a citar las más habituales:

Huella plantar de pies normales. 

Se trata de unos pies que no presentan ningún tipo de deformidad a la hora de dar el paso.

Huella plantar de pie plano. 

En este caso, la totalidad del pie contacta con el suelo, lo que produce que desaparezca o se reduzca el arco del pie. Este tipo de pisada se va reflejando con el paso del tiempo en la infancia, ya que, cuando somos bebés, la huella siempre es plana debido a que en ese momento, aún no se ha formado el arco plantar. Por ello, no podremos observar y evaluar este tipo de pisada hasta que el niño haya alcanzado entre los 5 y 6 años.

¿Qué síntomas son los más comunes para identificarlos? El dolor del pie de manera interna, dolor en los tobillos.

Dentro de este tipo de pisada podemos encontrar dos tipos: el pie plano flexible y el pie plano rígido.

Flexibles: Son aquellos que debido al peso, hiperlaxitud o morfología del paciente tienen una huella plana. La corrección de este tipo de pie se basa en plantillas y ejercicios para formar el arco plantar.

Rígidos: Se trata de un pie plano flexible que se ha vuelto rígido por mantener en el tiempo una posición anómala. En este caso, no es posible modificar la pisada y el pie no puede sufrir modificaciones sin cirugía. 

Huella plantar de pie cavo. 

Este tipo de pisada se caracteriza por tener un arco interno más grande de lo normal, lo que produce un mal reparto de la superficie causando sobrecargas en el pie. Este tipo de pies, tiende a tener problemas en las uñas y falanges debido a la presión que se hace sobre esa zona. También es muy común que aparezcan problemas musculares como la fascitis plantar.

Huella plantar de pie valgo. 

En este caso, la carga del pie se desplaza hacia el lado interno del pie, provocando alteraciones en las articulaciones y estructuras rígidas en tejidos blandos del pie. En este caso, el arco plantar no sufre alteraciones, pero si se coloca en el talón, dañandolo. 

En conclusión, la huella plantar nos da mucha información sobre el estudio biomecánico del paciente, permitiendo relacionar muchas patologías del sistema motriz con una alteración de la forma de pisar, y pudiendo modificarlo con un estudio y su correcto tratamiento.

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